En los últimos 23 años hemos sufrido las consecuencias del fuego en Canarias. En Agosto de 2023, hemos vuelto a sufrir el vigor del fuego, esta vez en la Isla de Tenerife, con la declaración de un incendio que, en tan solo tres días ha logrado cubrir un perímetro de más de 70 km, conviene recordar algunas cifras, relacionadas con la virulencia y frecuencia de estos desastres en nuestro archipiélago.
Canarias ha sufrido más de 1.700 incendios forestales, que han arrasado más de 20.000 hectáreas de terreno en los últimos 20 años. Los incendios forestales son un problema grave en Canarias, ya que el archipiélago es un territorio montañoso y con una vegetación seca, que es muy susceptible a los incendios.
Estudiando los datos oficiales publicados por diferentes organismos como el Instituto de Estadísticas de la Comunidad Autónoma de Canarias, el 96,25 por ciento de los incendios que se produjeron en canarias entre 2006 y 2015 fueron catalogados como grandes incendios, los cuales causaron daños en 6.500 hectáreas de media por cada incendio.
Es cierto que se puede considerar que Canarias tiene una concurrencia escasa de incendios, sin embargo, cuando estos se producen suelen derivar en grandes incendios sobre grandes superficies, generalmente motivados por la propia orografía de las islas, sus características climatológicas y la falta de equipamiento de refuerzo, el cual normalmente debe de llegar de la península ibérica, permitiendo esto la rápida propagación del fuego, en la mayoría de los casos.
Consultando datos anteriores a 2006, resulta llamativo que en la década de los 90, el número de incendios llegará hasta los 34 en municipios como Tejeda, en Gran Canaria, o 51 en los Realejos, en Tenerife, siendo sin embargo el de mayor extensión, el producido en la Isla de La Palma, en el municipio de Garafía a finales de Julio de 2000, con una superficie aproximada de 7.500 hectáreas calcinadas.
En la siguiente década, 2000 – 2010, volvieron a ser los municipios de la Isla de Gran Canaria, los de mayor superficie afectada por los incendios, superando en el municipio de San Bartolomé de Trajana las 8.700 hectáreas.
En los últimos años, debemos recordar el terrible incendio que arrasó más de 18.000 hectáreas de superficie forestal y casi 7.000 de superficie arbolada en la Isla de Gran Canaria, así como las más de 16.000 hectáreas afectadas también por el fuego en Tenerife, ese mismo año de 2007

Sin embargo, todo no se debe valorar solamente en términos de superficie, en agosto de 2012, se originó en la isla de La Gomera, el peor incendio forestal de las últimas décadas en términos ecológicos, ocurrido en los bosques de laurisilva en el Parque Nacional de Garajonay, el cual quedó afectado en el 18% de su superficie (740 hectáreas). Este mismo año otros dos incendios devastaron 2.500 y 5.000 Hectáreas, en las Islas de La Palma y Tenerife respectivamente.
En los últimos años han ocurrido diferentes incendios de cierta envergadura, en diferentes municipios de las islas, sin embargo, en 2019 el fuego volvió a atacar con virulencia las islas, esta vez de forma consecutiva en la Isla de Gran Canaria, donde un primer incendio devoró más de 10.000 hectáreas, y un segundo, declarado pocos días después arrasaba un perímetro de 80km atacando el pulmón verde de la isla, y el parque natural del Pinar de Tamadaba, siendo dados por extinguidos 40 días después.
Con todos los datos anteriores, y a tenor del incremento de la virulencia de los últimos incendios, debemos comenzar a concienciarnos nosotros mismos, con respecto a nuestro entorno, el cual, en unas islas de superficie forestal finita, cada uno de los sucesos expuestos debe ser considerado como un ataque directo a las posibilidades de salubridad y habitabilidad de estas pequeñas islas del atlántico.
Recordemos que los incendios favorecen la perdida de biodiversidad, destruyendo hábitats naturales y especies de plantas y animales, con mayor importancia en este caso al tratarse de islas, dañan infraestructuras como carreteras y generan perdidas importantes a ganaderos, agricultores y propietarios de viviendas.






