Nacida el 25 de diciembre de 1821 en Massachusetts, Estados Unidos, Clara Barton fue fundadora de varias escuelas gratuitas en Nueva jersey, y funcionaria de la oficina de patentes hasta el inicio de la Guerra Civil estadounidense, cuando se incorpora como voluntaria para ayudar a los soldados heridos.
Barton se interesó por la enfermería desde muy joven. A los 11 años, comenzó a ayudar a su madre a cuidar a los enfermos y heridos en su comunidad. En 1854, se unió a la Asociación de Socorros de Massachusetts, que estaba ayudando a las víctimas de una epidemia de cólera.
Al estallar la Guerra Civil estadounidense en 1861, Barton se ofreció como voluntaria para servir como enfermera en el ejército de la Unión. Se convirtió en una figura muy conocida por su dedicación y su capacidad de trabajo. Viajó por todo el país, atendiendo a los heridos y enfermos en los campos de batalla y en los hospitales.
Durante esos años, y viendo las necesidades de los soldados heridos, empezó reuniendo alimentos y medicinas, y pidiendo a sus amigos ayuda en la búsqueda de todo tipo de artículos necesarios obteniendo una respuesta abrumadora, aprendió a almacenarlos y distribuirlos. En 1862 se le permitió prestar sus servicios médicos voluntarios en los hospitales de campaña, llegando a aparecer en un hospital de campaña a medianoche, con un vagón cargado de suministros.
Durante la guerra, sus suministros viajaron con el ejército de la Unión, ayudando tanto a los heridos, como a los prisioneros confederados, adelantándose incluso a las unidades médicas oficiales. Al finalizar la guerra, Abraham Lincoln derivó la dirección de la Oficina de Correspondencia con Amigos de los Hombres Desaparecidos del Ejercito de los Estados Unidos, en su persona, organización desde donde dirigió la búsqueda de soldados desaparecidos, llegando a responder más de 50.000 solicitudes, e identificando a más de 20.000 soldados desaparecidos.
En 1869 se trasladó a Europa, donde durante su estancia Barton conoció las ideas de Henry Durant, fundador de la red global de la Cruz Roja, entre las cuales destacaba el establecimiento de acuerdos internacionales para proteger a los enfermos y heridos durante la guerra independientemente de su nacionalidad. Sobre este tratado negociado en 1864 en Ginebra y conocido como la Convención de Ginebra, Barton lucharía en Estados Unidos para conseguir su ratificación. En esos años fundó varios hospitales dúrate la guerra Franco-Prusiana, siendo condecorada con la Cruz de Hierro alemana.
En 1881 vuelva a Estados Unidos donde formó la Sociedad de la Cruz Roja estadounidense, inspirada por sus experiencias en Europa, de la cual fue su presidenta hasta 1904. La Cruz roja americana dedicó muchas de sus actuaciones a socorrer en casos de desastres, como por ejemplo, en un incendio forestal en Michigan, donde la bandera de la Cruz Roja ondeó por primera vez oficialmente, colaborando en la obtención fondos y ropa para las víctimas.
En 1884, Clara Barton se enfrentó a una de las mayores pruebas de su vida. Ese año, estalló una epidemia de fiebre amarilla en la ciudad de Memphis, Tennessee, donde la enfermedad se propagó rápidamente y mató a miles de personas. Barton se ofreció como voluntaria para ayudar a las víctimas de la epidemia, viajó a Memphis y estableció un hospital en el que se atendía a los enfermos y contribuyó a organizar la distribución de alimentos y suministros a los afectados.
El trabajo de Barton fue crucial para ayudar a las víctimas de la epidemia y gracias a su esfuerzo, se salvaron muchas vidas, sin embargo, la epidemia también tuvo un impacto significativo en su salud al estar a punto de morir, al contraer la enfermedad.
En los años siguientes, Barton continuó luchando por las causas que le apasionaban. En 1898, participó en la Guerra Hispano -Estadounidense, ayudando a los heridos y enfermos. En 1892, organizó la asistencia a los rusos que sufrían de hambruna enviándoles 500 vagones de ferrocarril de harina de maíz y harina de Iowa. Después de que un huracán y un maremoto dejaran más de 5,000 muertos en las Islas del Mar de Carolina del Sur en 1893, la Cruz Roja de Barton trabajó durante 10 meses ayudando a la población predominantemente afroamericana a recuperarse y restablecer su economía agrícola. También trabajó para ayudar a las víctimas de desastres naturales, como el terremoto de San Francisco en 1906.
Por su trabajo en apoyo de la red mundial de la Cruz Roja Barton fue condecorada por varios países, entre ellos la Cruz de Plata de la Rusia imperial y el Gobierno de los Estados Unidos, donde el presidente Chester Arthur le otorgó la Medalla del Honor, la máxima condecoración civil del país.
Clara Barton falleció a los 90 años, en abril de 1912, después de dedicar su vida a la construcción de un mundo mejor a través de la medicina y la educación, dejando un legado que sigue vivo cada vez que ondea la bandera de la Cruz Roja, en cualquier lugar del planeta.
De marcado carácter independiente, trabajadora y talentosa, fue una gran oradora que conmovía el alma de los asistentes a sus conferencias, cuando relataba las espeluznantes escenas vividas en los campos de batalla, consiguiendo así ganar adeptos y voluntarios a su causa.
Barton también trabajó para promover la educación y la igualdad de género. Fue una defensora de los derechos de las mujeres y de la educación para todos, y está considerada una de las mujeres más importantes de la historia de Estados Unidos, resaltando como una mujer valiente, tenaz y compasiva que dedico su vida a ayudar a los demás.






