Por energías limpias o renovables se entiende a aquellas que se obtienen a partir de fuentes naturales inagotables, como la luz solar, el viento, la energía hidráulica, la energía geotérmica o la energía mareomotriz. Estas energías tienen un impacto ambiental menor que las energías fósiles, como el carbón, el petróleo o el gas natural, ya que no producen gases de efecto invernadero ni otros contaminantes atmosféricos y se consideran las principales soluciones para logar frenar o estabilizar los efectos del cambio climático provocado por las emisiones de dióxido de carbono (Co2) y otros gases contaminantes a la atmosfera terrestre.
Las energías renovables no son contaminantes y permite recuperar los ecosistemas, incrementar el nivel de la calidad de vida y disminuir el calentamiento global. Asimismo, son fuentes que ayudarán a permitir alcanzar a muchos países la independencia energética, al aprovechar sus recursos naturales para la producción energética mediante el sol, el viento o el agua.
Sin embargo, las energías renovables también pueden tener un impacto en el paisaje. El impacto visual es el más evidente, ya que las infraestructuras necesarias para generar estas energías, como los parques eólicos, los paneles solares o las centrales hidroeléctricas, requieren normalmente grandes extensiones de suelo, que pueden alterar la percepción del paisaje.
El impacto visual de las energías renovables puede ser positivo o negativo, dependiendo de la ubicación de las infraestructuras, de su diseño y de su tipología. En general, se considera que el impacto visual es menor en zonas despobladas o con poca vegetación, y mayor en zonas con un alto valor paisajístico. Sin embargo, la construcción de infraestructuras renovables puede alterar los hábitats naturales y dificultar la migración de las especies animales, aunque en general, el impacto sobre la biodiversidad es menor que el que producen las energías fósiles.
Los grandes aerogeneradores afectan al paisaje y a la vida de los animales, principalmente de las aves, ya que el movimiento de las aspas de estos, por su tamaño y fuerza pueden modificar las condiciones en la presión atmosférica, que puede afectar al vuelo de las aves.

Los grandes embalses por su parte, pueden alterar el paisaje natural, los ecosistemas acuáticos y terrestres, así como la biodiversidad, al disminuir el caudal de los ríos por la utilización de grandes volúmenes de agua en la producción energética, lo que también puede afectar a las capas freáticas y a la calidad de sus aguas.
La energía geotérmica es la menos impactante en el medio ambiente, sin embargo, también es la que esta expuesta a escapes de gases como el dióxido de carbono y a la contaminación del agua de su entorno, si se produjeran problemas en el proceso de captación.
La biomasa y el compost, el primer creado a partir de cultivos a gran escala de materias biodegradables como el maíz o la remolacha y el segundo como fertilizante compuesto por residuos orgánicos (hierbas, desechos domésticos…), que, aunque generan emisiones en su producción no lo hacen en volúmenes considerados importantes, y pueden ayudar en la producción de energía en determinados sectores estratégicos.
Sin embargo, exceptuando la generación de biomasa, compost y la generación energética aprovechando los recursos geotérmicos, las instalaciones fotovoltaicas, aerogeneradores o hidrogeneradoras, pueden afectar de forma importante al paisaje, los ecosistemas y la biodiversidad de las áreas en las que sean instalados.
En el caso de instalaciones fotovoltaicas, su impacto en el medioambiente es mayor cuando se instalan en zonas rurales o escenarios naturales, al requerir estas instalaciones grandes zonas despejadas, alterando el terreno y produciendo la perdida de cobertura vegetal.
Asimismo, en las instalaciones aerogeneradores, normalmente son necesarias o idílicas áreas de gran impacto visual, lo que unido a las grandes dimensiones de las estructuras generadoras, provocan un impacto estético importante en el entorno natural de los ecosistemas, debiendo ser especialmente cuidadosos con las especies protegidas de la zona y la contaminación Acústica, producida por el ruido de estas estructuras.
Ahora bien, echando una mirada a nuestro entorno, y a la historia, resulta evidente la ubicación de estructuras emplazadas en entornos no urbanizables, con una afección paisajística considerable, como por ejemplo las pirámides egipcias, la muralla china, o el canal de Panamá, por ello es necesario realizar un análisis profundo del coste beneficio que puede suponer la implantación y la afección al entorno de las instalaciones necesarias para la producción de energías limpias.
El ser humano, desde su irrupción en el planeta tierra, ha modificado el paisaje para adaptarlo a sus necesidades, la agricultura extensiva, las fábricas, los pantanos, las ciudades, modificando la cara del planeta e incluso su salud, en pro del progreso y la civilización. Así pues, mediante el estudio detallado, serio y objetivo, es posible convertir suelos yermos y poco productivos en áreas capaces de generar energías limpias, con un mínimo impacto ambiental, respetando los espacios protegidos por su valor paisajístico, natural o biológico.
Para minimizar el impacto de las energías renovables en el paisaje, es importante planificar su ubicación y diseño de forma adecuada. En este sentido, es importante tener en cuenta los siguientes factores:
- El valor paisajístico de la zona.
- La existencia de hábitats naturales protegidos.
- La proximidad a núcleos de población.
- Las condiciones meteorológicas de la zona.
En España, la legislación sobre energías renovables establece una serie de requisitos para minimizar su impacto en el paisaje. Estos requisitos incluyen, entre otros, la obligación de realizar un estudio de impacto ambiental, la necesidad de contar con la autorización de las administraciones competentes y la obligación de compensar el impacto visual, valorando el valor paisajístico de la zona, la existencia de hábitats protegidos y la proximidad de núcleos poblacionales.
Las energías renovables tienen un impacto menor en el paisaje que las energías fósiles. Sin embargo, es importante planificar su ubicación y diseño de forma adecuada para minimizar su impacto ambiental para ayudar a proteger el medio ambiente y garantizar un desarrollo sostenible de las energías renovables, esenciales para la transición energética, la reducción de los efectos del cambio climático, y la supervivencia de la especie humana en un futuro a medio y largo plazo.






