La Involución del Ser Humano, una Espiral Descendente

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La involución del ser humano en los últimos años es un tema complicado que ha sido abordado por filósofos, científicos y sociólogos de todas las épocas. No hay una respuesta única a la pregunta de si la humanidad está retrocediendo o progresando, pero hay una serie de tendencias que sugieren que es posible que estemos experimentando una forma de involución.

En los últimos años, se han realizado diferentes estudios y publicado numerosos artículos en los cuales se aborda la situación de la evolución o involución del ser humano, su tendencia, sus límites, y su posible estancamiento.

La involución se define como la detención o el retroceso de una evolución biológica, política, cultural…

Algunos han llegado a afirmar que el ser humano ya no progresará más, que se ha llegado al límite de nuestro desarrollo físico a pesar del continuo avance científico y médico, considerando que la sociedad moderna ha propiciado dicho logro.

Igualmente, señalan que cada vez serán menos las personas que sobresalgan por alcanzar determinados limites, ya que el número de personas con esas características será más numeroso, convirtiéndose en común y hasta normal.

Asimismo, la creciente dependencia de la tecnología, y el menor uso de habilidades físicas y mentales para sobrevivir, puede provocar, e incluso puede que ya se halla iniciado, un retroceso en el nivel intelectual del ser humano, al reducir el esfuerzo en aprender, y disminuir la cantidad de recursos que debe conocer e incluso memorizar y utilizar para poder solucionar determinados problemas cotidiano, cuyas respuestas actuales están disponibles para todos en la red.

Por ello, muchos consideran los hechos anteriores, como un claro signo de involución, esto es, el ser humano habrá iniciado el camino contrario al recorrido realizado hasta el momento en materia de evolución en cuanto a su físico, fisionomía y capacidad intelectual se refiere.

En algunos países la altura media, por ejemplo, de sus ciudadanos ha bajado en los últimos diez años, siendo considerado un signo del inicio de la involución del cuerpo humano.

Aunque quizás, algunas de las principales tendencias que apuntan a la involución sean el aumento de la violencia, la agresividad y la agresión. En las últimas décadas, hemos visto un aumento de los conflictos armados, la delincuencia y la violencia doméstica, indicadores que pueden indicar que estamos perdiendo el control de nuestros impulsos violentos y que nos estamos volviendo más propensos a la agresión.

Asu vez, también es notable el aumento de la ignorancia y la superstición, de las creencias anticientíficas, como el creacionismo y las teorías conspirativas, las cuales pueden sugerir que estamos perdiendo la capacidad de pensar críticamente y que estamos volviendo a creer en cosas que no tienen base en la realidad.

Y por último, es apreciable la disminución de la empatía y la cooperación, en las últimas décadas el fomento del aumento del individualismo, el egoísmo y la indiferencia por los demás nos indica que estamos perdiendo la capacidad de preocuparnos por nuestros congéneres y que estamos volviendo a ser más egoístas y centrados en nosotros mismos.

Estos comportamientos, aunque parezca que no tenga nada que ver, quizás puedan indicar el inicio de la involución del ser humano, y vayan en la línea de los comportamientos mostrados por los individuos en el denominado experimento Universo 25, realizado en la década de los años 70.

Aun así, los hay incluso que afirman que la globalización, la tecnología, el obsesivo objetivo de crecer continuamente económicamente hablando, el marketing despiadado invitando al consumo, la cultura del usar y tirar impuesta en las economías desarrolladas…, ha incluso producido un descenso del Coeficiente Intelectual de la población, tanto en el valor de la media, como en el valor alcanzado por aquellos que cuentan con capacidades más desarrolladas, con respecto a los valores de mitad del siglo XX.

Hasta no hace mucho, se valoraba lo que se tenía, cuidándolo, cuando se rompía se reparaba o en su defecto si era posible, se aprovechaban sus componentes o elementos, para usos secundarios que se pudieran obtener, como convertir la ropa en trapos para limpiar, o reutilizar el papel para envolver objetos, o incluso los restos orgánicos, como abono para la tierra.

En la actualidad casi todo aquello que se le ocurra, ya existe y lo puede encontrar en algún comercio físico o digital, la globalización permitió que cualquier bien o alimento, viajara hasta cualquier lugar del planeta, donde fuera solicitado, el marketing y el falso enriquecimiento de los ciudadanos provoco un incremento del consumo, y con ello la cultura de usar y tirar.

Con el avance de la tecnología todo el conocimiento cierto o no, está disponible en nuestro teléfono móvil de forma inmediata, la costumbre del estudio, el análisis y la reflexión han quedado relegadas por la de la consulta funcional, solo interesa cuando y donde haga falta, no es necesario comprender ni entender, ni muchos memos memorizar información, para eso está la red y sus millones de ordenadores interconectados.

Quizás estos últimos hechos expuestos anteriormente, influyan o hayan influido en el descenso del Cociente Intelectual medio de la población, sin embargo, la pregunta que nos debe preocupar es si seguirá bajando, y ¿cuánto?, ¿perderemos realmente el poder inmenso de nuestra mente. que nos ha permitido llegar hasta aquí?, ¿Estamos dispuestos a perder nuestra arma más valiosa, por la comodidad y por el ya y ahora?

En la sociedad actual, parece que los ciudadanos son más superficiales, están más interesados en cosas vánales, incluso quizás parecen menos trabajadores que las generaciones anteriores, aunque este propiciada por la teoría de la conciliación familiar y el disfrute del tiempo libre propio, también parecen menos familiares, quizás motivado por la facilidad para trasladarse y desarrollar su vida en cualquier parte del mundo, pero en general existe una tendencia a la conformidad, parece que es una sociedad que huye de los enfrentamientos, una sociedad menos revoltosa y rebelde, y aunque siguen sucediéndose avances tecnológicos y científicos a niveles nunca vistos hasta ahora, sin embargo, ¿Qué sucederá cuando las generaciones que están padeciendo los comportamientos expuestos deban asumir las responsabilidades de las que hoy las asumen?

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