Lantano, Cerio, Prasedimio, Neodimio, Prometio, Samario, Europio, Gadolinio, Terbio, Disprosio, Holmio, Erbio, Tulio, Iterbio, Lutecio, Itrio y Escandio, son elementos ubicados en la parte inferior de la tabla periódica, que están presentes en muchos artículos utilizados diariamente, y forman parte de lo que se denomina «Tierras raras».
Este nombre, les viene dado, por la dificultad que representa su extracción, pues a partir de ellos se pueden formar más de 150 minerales como la monacita o la batnasita.
Generalmente se encuentran concentrados en más de un mineral y se requieren tecnologías extractoras y de procesamiento diferentes, normalmente con un gran coste.
En la actualidad, debido a sus propiedades magnéticas y eléctricas estos elementos cobran mayor interés, debido a su importancia en la utilización para la generación de energías limpias, tan importantes en el momento actual de transición energética en el que nos encontramos, además de su gran demanda en los sectores productivos tecnológicos.
La extracción de estos minerales se realiza habitualmente, en yacimientos a cielo abierto, produciendo gases y polvos contaminantes que no pueden ser controlados, afectando a los suelos, plantas y animales expuestos a ellos. Sin embargo dado el gran impacto derivado de su utilidad y de la gran diversidad de aplicaciones, se buscan las formas para minimizar los daños al medio ambiente y hacer más segura su extracción.
Las tierras raras constituyen un grupo de diecisiete elementos químicos que se encuentran en la superficie de la Tierra, normalmente en bajas concentraciones y son esenciales en la construcción de multitud de materiales utilizados en los motores eléctricos de los coches, en los filtros de las pantallas de los móviles, en los dispositivos de almacenamientos de datos, y en baterías de todo tipo, entre otros.
Están formadas por una serie de elementos químicos que se encuentran a la corteza terrestre, reconocidas y apreciadas gracias a sus propiedades magnéticas, luminiscentes y electroquímicas, las cuales ayudan a que muchas de las tecnologías que utilizamos actualmente sean eficientes, rentables, rápidas y duraderas. Sus propiedades distintivas vienen dadas por sus estructuras atómicas, donde la configuración de sus electrones las hace ser diferentes a otros elementos de la tabla periódica.
El primer elemento descubierto de los considerados tierras raras fue la gadolinita, en 1787 en una cantera de Suecia. En la actualidad las tierras raras están formadas por 17 elementos químicos, siendo las principales fuentes de tierras raras los minerales bastnäsita, monacita y loparita, los cuales a pesar de su alta abundancia, son más difíciles de extraer, convirtiéndolos en elementos relativamente caros, con tuvieron un uso industrial limitado hasta el desarrollo de técnicas de separación eficientes, como el intercambio iónico, la cristalización fraccionada y la extracción líquido-líquido.
Por otro lado, la minería, refinado y reciclaje de las tierras raras, pueden suponer un peligro potencial medioambiental, debiendo ser bien gestionadas para evitar causar daños medioambientales considerables. Los daños que puede causar a los trabajadores de las minas al estar expuestos a aerosoles en numerosos procesos como en la perforación o triturado de la roca primaria, la contaminación de los suelos motivado por el procesado de la roca o por el polvo minero, puede afectar a las aguas superficiales y subterráneas poco profundas, a la fauna y la vegetación, e incluso puede ser posible que pasen a formar parte de la cadena alimentaria, a través de cultivos procedentes de suelos contaminados.
Inicialmente, la mayoría de las tierras raras del mundo provenían de depósitos de arena en India y Brasil, sin embargo a partir de 1950, Sudáfrica fue la principal suministradora de tierras raras del mundo, a través de la extracción de monacita en la mina Steenkampskraal en la provincia de Western Cape, hasta que Estados Unidos se convirtió en el primer productor en la siguiente década.
En 2017, China produjo más del 80% del suministro mundial de tierras raras, principalmente desde Mongolia Interior, siendo Australia el segundo productor más importante.
En la actualidad los principales países con yacimientos de tierras raras son China, Brasil, India, Rusia y Estados Unidos, los cuales en los próximos años podrán ocupar lugares hegemónicos económicamente hablando, ya que se espera que en los años futuros la demanda de estos elementos químicos aumente, conforme aumente la demanda de productos tecnológicos y el incremento de sistemas de almacenamiento energético en sectores relacionados con la movilidad, como trenes y aviones.
Como con cualquier otro producto, la oferta y la demanda determinan su precio de mercado, sin embargo, a medida que los suministros se reducen, los precios suben, y cuando esto se produce, quienes controlan el suministro, pueden ver esto como una oportunidad una oportunidad e intentar buscar o desarrollar nuevas fuentes de suministro.
Ahora, cuando un solo país controla la mayor parte de la producción, puede tomar decisiones que afecten a la disponibilidad y a los precios de esos materiales en el mercado. Un ejemplo de esto, ocurrió en 2010 cuando China redujo sus exportaciones de tierras raras, con el fin de garantizar su suministro para la fabricación nacional, provocando el pánico en los mercados y el incremento desmesurado de los precios de las tierras raras.
Son muchos los países que albergan grandes reservas de tierras raras que, de ser extraídas podrían nutrir a los mercados internacionales y terminar con la hegemonía china. Pero, aunque Rusia y Australia han incrementado notablemente su producción en la última década, el proceso de extracción de tierras raras requiere de años de investigación para su extracción, ya que al formarse sus yacimientos de formas diferentes, los métodos de extracción utilizados en un yacimiento no pueden ser exportados a otros yacimientos.
De entre todos los elementos que componen lo que se denominan Tierras Raras, el neodimio es el elemento más demandado al ser esencial para la fabricación de imanes de tierras raras, que se utilizan en una amplia gama de productos tecnológicos, llegando hasta las 100.000 toneladas en 2022.
Una demanda que junto con la de otros elementos como el Disprosio y el Europio, han favorecido el incremento de la preocupación por su suministro, ya que el control que ejerce China en la actualidad, ha suscitado ciertas dudas en otros países, que han incrementado la investigación que permita encontrar nuevas tecnología de extracción y sobre todo ha incentivado la búsqueda de nuevos yacimientos.






