Generalmente todos somos conscientes de que el precio de los productos que compramos tienen aplicados unos márgenes sobre el precio de compra del distribuidor final, sin embargo en algunos casos y productos, desde la fábrica se establecen los precios finales de venta al consumidor final.
Lo explicaremos con un ejemplo, un panadero vende una barra de pan al supermercado por 0.5€ y el supermercado lo vende al cliente final por 0.75€, o una tienda de móviles vende un móvil por 300€ cuando él lo ha comprado en 200€.
En cada caso, según la demanda del producto y los precios de la competencia, los distribuidores finales marcan sus precios.
Además de lo ya expuesto hay comercios que ofrecen descuentos a empresas distribuidoras o profesionales de su mismo sector o sectores asimilados a su actividad, lo que normalmente solían ser mayoristas.
Sin embargo, se da la curiosa paradoja de que un producto marcado con un precio final, supongamos de 100€ para el cliente final, puede llegar a tener hasta un 80% de descuento para una empresa distribuidora o instaladora del mismo sector, por ejemplo, podemos comprar una bomba pequeña de agua para vaciar una piscina particular por ejemplo por 500 € como cliente final, pero con un precio de 200 € (un 60% menos) si fuéramos una empresa de servicios de limpieza de piscinas.
Si nos fijamos bien, veremos cómo hay un margen enorme y artificial beneficio creado sobre determinados productos en los precios marcados al cliente final, ya que cuando este adquiere un producto por 500€ siguiendo con el ejemplo anterior, está pagando como mínimo un 30% más que el precio que se supone correspondería, si el instalador le aplicará una incremento del 30% sobre su precio de compra.

Si analizamos un poco más profundamente la cuestión, se puede considerar que el comercio que vende al distribuidor aún tiene margen de beneficio sobre el precio al que ha vendido el producto, supongamos que un 15%, lo que supondría que el precio de venta del Mayorista sería de 500€ pvp menos el 60% de descuento al instalador o empresa de servicios menos el 15% de beneficio del distribuidor, es decir, el precio del compra del artículo del mayorista sería 125€, lo que hace suponer que el precio de salida del artículo de la fábrica sería aún más bajo.
La cuestión no es si es correcto o no aplicar márgenes sobre el precio de compra de un artículo, que después vaya a ser revendido, ya que esta es la base de la cadena de distribución.
La cuestión es porqué el cliente final tiene que soportar un incremento del precio tan abusivo en algunos casos sobre determinados artículos, ya que asumir un 60% de sobrecoste usado en este ejemplo, supone un claro abuso con respecto a la obtención de una ganancia equilibrada.
Es cierto que un instalador también debe obtener un beneficio, pero que este sea del 60% (en el ejemplo expuesto), solamente con las piezas o elementos que necesite para realizar su trabajo, ya le genera antes de hacer nada un pingue negocio.
En conclusión, habrá que estudiar el mercado, ver donde los márgenes para el instalador son mayores, y dedicarse profesionalmente a dicha actividad, ya que entre el margen que obtienes sobre los elementos necesarios para realizar el trabajo, más los costes propios de la realización del trabajo, puede suponer unos beneficios considerables con respecto a la tarea a realizar en comparación con otras actividades.
Y mientras tanto soportaremos todos los clientes finales, estos incrementos escondidos y camuflados en los precios finales de determinados artículos, y decimos precios camuflados puesto que estos precios de venta final, muchas veces ya vienen marcados por los fabricantes, estableciendo ellos mismos el margen de beneficios desde la salida del artículo de la fábrica, para su cadena de distribución o empresas prestataria de servicios relacionados con sus productos






